domingo, 6 de diciembre de 2009

Humano al volante, peligro constante.

Hace unos días mi mamá me contó una historia que francamente me impactó mucho. Me contó de cómo una muchacha que trabaja en los Pullman de Morelos al abordar un taxi a las 5 de la mañana para ir a trabajar, fue brutalmente atacada por el chofer que en vez de llevarla a su destino, la llevó a unos matorrales para golpearla, tirarle todos los dientes y en pocas palabras desfigurarla por lo que traía en su bolsa y, aparentemente, matarla. Para la fortuna (o desfortuna) de la muchacha, sobrevivió al brutal ataque y logró dar a conocer su historia a todos los medios y ahora buscan en todo Morelos al responsable. Lo que más me impacta de esta historia que parece una de esas típicas historias de mail de cadena, es que esa muchacha es la hija de uno de los cuidadores del condominio donde vive mi mamá y hermana, un tipo bastante sencillo que se gana la vida abriendo la puerta de entrada y “cuidando” la seguridad de los que ahí viven.
Esto, como mencioné ya, me impactó mucho. Lo peor del caso es que ayer tomé un taxi para ir al centro de Cuernavaca y me senté en la parte del copiloto, como usualmente hago cuando estoy en Cuernavaca, y le pedí que me llevara a mi destino. Casi de inmediato el taxista me agarró de válvula de escape y me dijo: “Estoy bien enchilado compa”, a lo que pregunté porqué, inmediatamente se soltó como hilo de media contándome cómo había discutido con un policía de tránsito por una estupidez, como usualmente sucede. El tono del taxista era de rabia, de verdad se lo tomó muy personal, y todo porque cuando discutía con el “Támaro”, como le llamaba al policía, éste tomó el mango de su “fogón” para aclarar quién era la autoridad. “¿En manos de quién estamos”-me decía-. Y enseguida me confesó cómo quería irle a dar unos plomazos por la espalda. Tenía el móvil del crimen ya muy estructurado en su mente y escucharlo decirlo tan convencido me atemorizó.
Todo esto me hizo pensar algo. ¿Cuántas veces no andamos de bravucones en el coche mentando madres por algo tan estúpido como si pasamos antes o no, sin pensar que del otro lado puede haber un psycho dispuesto a tronarnos a la menor provocación? Yo, por lo pronto sí prefiero experimentar en cabeza ajena.

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