domingo, 20 de diciembre de 2009



Hace unos días en nuestras clásicas pláticas de sillón, mi amiga Bony (Ivonne) dijo algo que se me quedó muy grabado: “Es horrible tener sed”. Y sí, la verdad es que a todos nos ha pasado y es cierto que es horrible la sensación, pero para comprobarlo hay que experimentarlo en carne propia.

La semana pasada fui al super, y como buen hombre que soy, y viviendo solo, compré cualquier cantidad de cosas que me llenaran la tripa, menos algo tan básico como una garrafa de agua. Para mi mala fortuna desperté como a las 2 de la mañana con una sed del carajo, obviamente la primera imagen que se me vino a la mente fue la cara de Bony diciendo “Es horrible tener sed”.
Yo traté de hacer la clásica técnica de borracho de -me duermo y se me olvida-, pero creo que como no estaba borracho no funcionó y me tuve que parar. Abrí el refri y no había líquido alguno, ni siquiera leche y obviamente me empecé a desesperar. Me acordé de cómo los sobrevivientes de los Andes tomaban bolas de nieve para calmar su sed y pensé en un cubito de hielo, los cuales no existían porque como buen hombre nunca volvemos a llenar las madrecitas esas de los hielos.

Con todo el dolor y hueva de mi corazón me puse unos pants y salí a buscar algo que tomar. Cabe destacar que de las pocas cosas que amo del DF es que hay un buen de cosas abiertas las 24 horas, como esos mini supers K como el que acaban de abrir por mi casa, bueno, el más cercano está a 4 cuadras.
Pues ahí voy yo cagándome de frío en medio de las calles de la del Valle, sin un alma andando, buscando algo que tomar. Por supuesto cada paso que daba venía a mi la imagen de Bony diciendo: “Es horrible tener sed”.
Llegué al mentado “K” y sí, estaba la ventanita esa abierta y el despachador acomodando cosas con una cumbia a todo volumen. Le tuve que gritar dos veces para que me hiciera caso. “no tengo sistema, tarda como media hora” -me dijo-. Lo cual me hizo pensar que había descubierto una nueva ley de Murphy, siempre cuando necesitas algo urgente, el sistema conspirará en tu contra.
Todo frustrado tuve que caminar otras 3 cuadras, ya cerca de eje 5 a un
Superama que también es 24 horas, llegué y el poco personal que había estaba cotorreando en la única caja abierta. Sin pena ni gloria fui a lo que iba, al pasillo de bebidas pero créanme que había, jugos, refrescos, clamatos y todo menos agua. Me valió y agarré una Coca y un jugo, pero seguí buscando agua por todos los pasillos y de verdad no había, no quería algo frío porque estaba enfermo de la garganta. Llegué a la única caja abierta y le pregunté a la mujer policía, que a esa hora fungía como cerilla, por agua. Se me quedó viendo como bicho raro, como si le hubiera preguntado por un Pay de Lichis con crema de queso de cabra.
“No sé” –Me dijo.- “Ahí hay agua” y señaló un refrigerador de Pepsi con unas botellas congeladas de agua. Prácticamente me valió y la compré.
Ya de regreso me venía tomando todos los líquidos que habían en mi bolsita de Superama, pero al pasar por el parque de Pilares escuchaba unas vocecitas que susurraban que, ya para ser las 2:35 am, se me hacían demasiado raras, aceleré el paso y de reojo vi un resplandor naranja, para mi sorpresa eran dos tipos haciendo suertes y malabares con fuego en una cancha de futbol.
Mi moraleja a todo esto es: Es horrible tener sed, pero es peor vivir experiencias tan extrañas para poder calmar tu sed.

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