
Como parte mi nuevo rush de conocer lo más posible de cualquier cosa, el pasado domingo fui por primera vez a una corrida de toros. La verdad es que me intrigaba mucho saber que había de fondo en esta actividad criticada por muchos y a la vez glorificada por personas que admiro, como Pablo Picasso o Salvador Dalí (creo lo Español influye mucho).
Total que llegué a la “Monumental Plaza de Toros México” a las 4 de la tarde y desde ahí empezó la experiencia. A las faldas de la plaza había todo tipo de gente, de todos los estratos sociales; puestos ambulantes con boinas, botas para beber y no podía faltar alguno que otro revendedor. Ahí me encontré con Daniel, un buen amigo con el que a veces trabajo y tiene más de 20 años de ir a la plaza de toros (obviamente es mayor que yo). Entré con él y ahí empezó la experiencia, nos sentamos donde él habitualmente se sienta y fue todo un “boom” de experiencias culturales. Para empezar la plaza es gigantesca, creo que la más grande del mundo, lo cual da suficiente espacio para albergar a todo tipo de gente; como “El chiflidos”, un señor que estaba sentado a lado de mi y también tiene muchísimo tiempo de ir a la plaza. Le apodan “el chiflidos” porque chifla muy cabrón y se oye en todo el lugar, está tan cabrón que Rafael Ortega, uno de los toreros que estaban en el cartel de ese día, le paga para que se siente muy cerca del ruedo y lo esté apoyando, echando porras y a la vez, como es de esperarse, chiflarle cuando hace una buena faena.
Y hablando de faenas, la verdad es que yo no tenía mucha idea de los pases y demás cosas, pero con el paso del tiempo fui entendiendo más y lo entendí cuando fue el turno del segundo torero, Sebastian Castella. Lo particular de este torero es que es francés, algo que aunque no estés metido en el mundo de los toros suena bastante raro. Dicen que él se especializó en México porque como es de esperarse en Francia no hay mucha afición, así que aquí lo quieren mucho. No sé nada de toros pero el tipo tiene una elegancia para torear que volvió loca a toda la gente, y supongo que fue muy bueno por que “Carlitos”, otro señor que estaba en el grupo donde yo estaba, dijo: “Toreó como Dios. De las mejores de la México” y sin saberlo, estuve de acuerdo con él.
Ya al final de la corrida el frío era insoportable, de las pocas veces que se me entumen las manos. Daniel dijo que fuéramos a “El Ruedo” un restaurante de por ahí para echarnos un trago antes de irnos. Al llegar fue otro “boom”, el lugar es una especie de salón de XV años decorado con cortinas en tono Palo de Rosa, y las paredes pintadas de color pistache, pero eso sí, de todo tipo de gente. Mujeres super guapas, chavos, niños, ancianos, ricos y pobres; todos conviviendo al ritmo de un “Cantaor” español que deleitaba a todos con un popurrí de los Gipsy Kings y derepente desvariando con Caballo Dorado pero que igualmente se disfrutaba. Era impresionante como todos disfrutaban de esta fiesta, realmente todos se veían muy felices y no podías dejar de “marujear”* a todos los personajes que ahí estaban.
Sin cansarnos de estar ahí, Daniel nos dijo que nos fuéramos a otro lugar amenazando que ahora sí era la última y nos íbamos. Este lugar se llama “Don Román”, otro restaurante muy cerca de la plaza. Este sí tenía todo el ambiente taurino, como mesas a los costados en forma de “burladeros” y tapizados de cuadros de toros, toreros y cantantes españoles. Como era de esperarse también había harta personalidad en el lugar, aunque éste sí era más fresón. Lo que me atrapó más es que había un dueto, encabezado por una señora que cantaba flamenco de manera impresionante. Al igual que en el otro lugar, se vivía una muy buena vibra, tanto que una pareja se subió a bailar sevillanas al tableado. Daniel me decía que era un baile muy sexy y que representaba la acción de llamar al toro y “coquetear” con él antes de matarlo (If you know what I mean). Al final del día yo estaba extasiado por todo lo que había vivido. Confieso que de inicio sí se siente feo ver como matan a un animal en tus narices, pero por todo lo anterior creo que no puede haber mejor manera de llamarle que “La Fiesta Brava”.
*Marujear: Acto de ver detenidamente a las personas o situaciones.

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